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sábado, 16 de agosto de 2014

Por tierras vikingas 2


Tras varios días sin poder actualizar el blog, volvemos a la carga con la segunda parte de la Noruega de los fiordos. Si la primera parte nos dejó maravillados estos días han sido iguales o mejores que los anteriores. Hemos estado en lugares increíbles y llegado a otros que ni siquiera podíamos pensar que estaríamos. La verdad es que este país nos está dejando con la boca abierta en cada sitio que nos quedamos. La cantidad de fotos que tenemos es enorme y aquí os dejamos una pequeña selección de ellas (solo unas 20) esperamos que os sigan gustando.
Tras el breve paso por Bergen nos encaminamos al valle de Flåm, un lugar precioso (como todos), que nos gustó tanto que decidimos quedarnos varios días. Aquí pudimos ver una de las iglesias más antiguas de Noruega y de las mejor conservadas, toda ella en madera. En un lugar como éste, famoso por sus cruceros, nosotros no podíamos ser menos y nos subimos en uno que nos llevo a través del fiordo Nærøyfjord,  patrimonio de la Unesco. Aunque pasamos un poco de fresco, el día acompañó y disfrutamos de unas vistas increíbles. El último día nos subimos en el tren con mayor pendiente del mundo, que nos gustó pero no se notó tanto la pendiente por la cantidad de túneles que atravesamos. Al final más paisajes muy chulos, cascadas flipantes y una caminata de 21km para volver al coche.
 


 

Desde Flåm seguimos subiendo hasta llegar al la zona del glaciar Jostedalbreen, el más grande de Europa continental. A pesar de ser enorme, no apareció ante nosotros hasta estar casi al lado. Una de sus lenguas, Nigardsbreen, desciende entre las montañas hasta detenerse a orillas de un lago. Su parte más accesible y de enorme belleza. Decidimos contratar una visita guiada sobre el glaciar y, para mí, fue la mejor experiencia hasta ahora del viaje. La superficie relucía intensamente con cada rayo de sol, parecía que caminábamos sobre piedras preciosas. La extensa gama de azules, desde el tenue celeste hasta el azul más intenso, nos rodeaba por todas partes tomando formas abigarradas y caprichosas, labradas porel frío y el sol. Algo mágico, sin duda.
 



 

 

Continuamos hacia el norte en busca de la afamada carretera de los trolls, y mira, la encontramos. La verdad es que venimos de conducir tanto (llevamos ya 15000 km) y por tantos tipos de carreteras, que no nos "asustamos" , aunque resultó entretenida y... encontramos un troll!!!
 


Antes de llegar a Trondhein  conocimos la isla de Averoy que nos dejó alguna buena foto y un paisaje diferente después de tanto fiordo, además de recorrer la carretera del Atlántico con su inimaginable trazado. Y el valle de Innerdalen, uno de los más bonitos de Noruega y que está rodeado de un glaciar, como podéis apreciar en las fotos. En este valle nos encontramos una pareja muy maja, con los que disfrutamos de unos vafels muy ricos y nos echamos unas risas.






Por último en la ciudad de Trondhein nos despedimos de Álvaro con un poco de pesar ya que no pudo llegar a sus queridas Lofoten ( ya sabes que haremos muchas fotod dedicadas) y esperando que haya disfrutado de este viaje tanto como nosotros.
En la ciudad nos acogió una familia increíble, que nos hizo sentir como en casa, muchísimas gracias a Juliana y Gonzalo por vuestra hospitalidad, amistad y un beso gigante a vuestros tres tesoritos, habéis sido formidables y esperamos veros pronto. Otro agradecimiento muy especial a Dani que hizo posible este encuentro.


Antes de partir rumbo a las islas Lofoten recogimos a un argentino, pero eso ya es historia de otra entrada.

martes, 5 de agosto de 2014

Por tierras vikingas 1°

Tras un agradable paseo en ferry ( que casi perdemos por culpa de un gran atasco) llegamos a otro de los países que más ganas teníamos de visitar en Europa, Noruega. Deciros que lo que hayáis visto por tele, fotos u os hayan contado es verdad, solo que vivirlo en primera persona sí que es una incréible experiencia, este país es una maravilla de la naturaleza salvaje.
Llevamos ya unos días recorriéndolo y continuamos sorprendiéndonos y alucinando cada vez que salimos de una curva, túnel o ferry. Esto es una amalgama de continuas montañas separadas por gran multitud de lagos y fiordos a cada cuál más impresionante.
Nuestra ruta nos llevó primeramente a Stavanger, una ciudad famosa por ser el lugar donde llegan los cruceros y punto de reunión de los trabajadores de las petrolíferas. No es muy bonita y solo se salva un barrio de casitas de madera antiguas. Los alrededores por el contrario son magníficos. Nosotros pudimos ascender al punto de vista más famoso de Noruega a unos 600 metros de altura, el Preikestolen o roca del púlpito, que nos ofreció una impresionante vista sobre el fiordo Lysefjord. La verdad es que su fama es más que merecida, pese al difícil ascenso y la lluvia casi constante, las vistas te dejan sin habla (cuando llegamos las nubes no nos dejaban ver más de unos metros, pero resistimos hasta que el cielo se abrió). Durante la travesía en coche descubrimos una cascada de casi 100 metros llamada Månafossen, nos alegramos mucho aunque posteriormente hemos descubierto más y mejores.

 

 

 


Odda tenía que ser un punto de paso, pero al final nos quedamos varios días disfrutando de sus caminantas. La que más nos gustó fue la subida al glaciar Folgefonni. Un ascenso que fue una auténtica ginkana, trepando por rocas, subiendo por cuerdas y cadenas, atravesando puentes colgantes y ríos hasta llegar a la parte inferior de la morrena, todo ello con la emoción de ver acercarse cada vez más esa imponente mole de hielo azul.
 





En las cercanías del parque natural de Hardangervidda nos instalamos para pasar otro par de días de caminatas sin igual. En una de ellas cambiamos de paisaje radicalmente y nos adentramos hasta casi perdernos en un horizonte de tundra. El lugar, barrido por el viento y la lluvia (aunque durante casi todo el año por la nieve), era casi desolador, inhóspito e infinito, majestuoso en su inmensidad.
También visitamos una de las cascadas más famosas, Vøringfossen, con mas de 600 metros de caída, geniales sus vistas desde arriba y mejor haber podido adentrarnos hasta donde rompía el agua.

 


Como no solo de naturaleza vive el viajero, hicimos una visitilla a la famosa ciudad de Bergen. Allí pudimos contemplar las bonitas casas de colores de la época de la liga Hanseática. La vista panorámica nos gustó pero sin llegar s impresionarnos. La ciudad nos pareció muy chula y el ambiente fantástico.
Por último y lo mejor, fue el Fishmarket, allí pudimos degustar el famoso salmón en sus diferentes variedades, la carne de ballena, reno y alce, todo muy rico y gratis. Gracias a un catalán súper majete que trabajaba allí realizmos un trueque, nuestro embutido por el salmón que él vendía. Sin duda y gracias a su generosidad salimos ganando y nos llevamos tres trozacos de auténtico salmón salvaje. Gracias Pau.







miércoles, 30 de julio de 2014

Península de Jutlandia

Esta región de Dinamarca nos ha servido como puente hasta Noruega, nunca mejor dicho, porque la verdad es que no nos ha llamado mucho la atención. Destacaríamos el pueblecito de Ribe, que es un pequeño pueblo acogedor, la ciudad más antigua de Escandinavia. Destacan  su catedral, las calles cercanas al río y una abadía con un bonito claustro.



  También merece la pena en su parte más septentrional, Skagen, con la playa de Gremen que tiene una lengua de arena de 3Km en cuyo extremo se unen los mares de Kattegat y Skagerrak, y donde supuestamente había muchas focas de las que vimos cero. Ährus es una ciudad más bien poco recomendable, pasamos allí una tarde y no tiene gran cosa.


sábado, 26 de julio de 2014

De camino a Escandinavia

En estos últimos días hemos podido recorrer clásicos pueblos y ciudades de Europa mientras el camino nos va llevando hacia el Norte.
La última parada en Gran Bretaña fue en la famosa Canterbury. De nuevo, plagada de turistas. La catedral es imponente, guardada tras una puerta bien bonita. No pudimos visitarla por dentro porque había una celebración privada. El resto del pueblo es bastante chulo para pasear y la abadía de San Agustín nos dejó una buena impresión.
 


Nuestro siguiente destino nos llevó a visitar Brujas y Gante. La primera es una pequeña ciudad donde todo está muy cuidado. Cuando llegamos a la plaza Grote Markt nos pareció una pasada y una vez allí fuimos nos perdimos entre bonitas calles y canales que nos dieron la impresión de estar como en un cuento.
 


Gante es una ciudad más cosmopolita pero su casco antiguo es increíble, nos sorprendió muy gratamente. Pese a no tener el encanto de Brujas y darnos la sensación de más sucio ( sería por la lluvia?) estaba repleto de monumentos, canales con casas muy guapas en sus orillas y un castillo en el centro en perfecto estado de conservación. Además pudimos disfrutar de sus más que animadas fiestas, donde en cada rincón había un concierto y todo estaba lleno de puestos de cerveza y comida belga. En esta ciudad tuvimos nuestra primera experiencia couchsurfing y la verdad es que nos gustó mucho, muchas gracias Lena por acogernos.