Por fin llegamos a las islas Lofoten, uno de los lugares que más nos había recomendado la gente y es que llevábamos mucho tiempo oyendo hablar de ellas.
La primera imagen que tuvimos fue realmente impactante y es que llegar en el ferry y ver como del mar se alzan unas montañas gigantes y escarpadas, agolpadas unas detrás de otras hasta donde alcanza la vista, es realmente flipante.
Nuestra ruta fue desde la zona más al sur de la isla de Moskenøy hasta el norte de la isla de Vesterålen. Durante estos días hemos subido y bajado varias montañas que nos han brindado vistas de postal, nos hemos acercado hasta playas paradisíacas que más parecían del Caribe que del Ártico y hemos observado una mezcla de lagos, fiordos y océano difícil de describir. Pero si la naturaleza es magnífica, no lo son tanto los pueblos que hemos visitado, la mayoría bastante industriales y alguno más mono que se dedicaba a la pesca exclusivamente.
Como podéis observar ha sido increible la visita a estas islas ya que cada rincón es una foto de postal.
En estos días y gracias a nuestro compañero argentino Sebastián (y sobre todo a la falta de cerveza) hemos sido evangelizados en la religión del famoso MATE y aquí estan las pruebas.
Nuestra aventura por estas islas tuvo un final inesperado y que nos encantó y es que tuvimos la oportunidad de participar en una excursión para avistar cachalotes y vaya si la aprovechamos. Tras un largo día, con mucho frío, cansacio y mucha hambre, pudimos ver tres cachalotes de gran tamaño y bien cerca, estábamos entusiasmados!
Por último, dijimos un hasta luego a nuestro compañero de viaje Sebastián, ha sido un placer encontrarte en el camino y pasar estos días juntos. Esperamos que todo te vaya genial y aún no sabemos ni dónde ni cuándo pero sí que estamos seguros de que nos volveremos a ver.